«Asumo este reto con gran alegría»

Un retrato de Kirill Petrenko

Meiningen, Múnich, Berlín. Son tres lugares a los que Kiril Petrenko se encuentra estrechamente unido en su trayectoria como director de orquesta hasta la fecha: la pequeña ciudad Turingia y capital real en la que estrenó en 2001 El anillo del nibelungo de Wagner en cuatro tardes consecutivas: la metrópoli bávara, cuya famosa Ópera del Estado ha hecho ascender hasta nuevas alturas; y la capital alemana, a la que regresa ahora –después de haber ocupado durante cinco años el puesto de Director General de Música de la Komische Oper (2002-2007)– para hacerse cargo de la dirección artística de los Berliner Philharmoniker.

«Nací y me crie en Omsk, una ciudad de Siberia que vivía de la industria armamentística y petroquímica, por eso era también un tabú para los extranjeros, una “ciudad cerrada”. La química no fue nunca muy saludable, pero en la ciudad hay también muchas zonas verdes. Allí lo normal es que haga un frío tremendo, no sólo en invierno. Por eso faltaba a veces al colegio: los pequeños tenían que quedarse en casa a partir de 34 bajo cero, los mayores tenían que seguir congelándose hasta 38 bajo cero».
Beethoven: Sinfonía núm. 7 (fragmento)

Como hijo de una familia musical ‒el padre es concertino, la madre directora artística–, para Kirill Petrenko estaba decidido casi desde su nacimiento que él también habría de ser músico, director de orquesta en concreto, y todo estaba preparado para que pudiera desarrollar su talento, que se descubrió muy pronto. Desde Omsk se trasladó (con dieciocho años recién cumplidos) a Feldkirch, de cuyo conservatorio se fue a estudiar a la Universidad de la Música de Viena, y del concierto de clausura directamente a trabajar como repetidor y director de orquesta a la Volksoper de Viena. Luego, en 1999, llegó el ofrecimiento de convertirse en el Director General de Música en el teatro de Meiningen, poseedor de una tradición tan rica, y con ello el comienzo de lo que sería en los próximos años una carrera como director de ópera. Kirill Petrenko ha sido director musical de teatros de ópera en tres ciudades, por lo que el teatro musical se ha situado hasta ahora, sin ninguna duda, en el centro de su actividad, aunque lo que deseaba en los comienzos de su carrera era centrarse realmente en la música sinfónica. Pero el cambio de orientación dentro de la profesión fue una casualidad, que demostró acabar siendo un golpe de suerte.

«El tiempo que pasé en Meiningen ha sido la base para toda mi carrera posterior. Fueron años de aprendizaje de un valor incalculable. A un director de orquesta no puede pasarle nada mejor y deseo a todos mis colegas jóvenes que hagan acopio de experiencia de este modo y puedan sentar así los cimientos. Yo tuve muchísima suerte de poder empezar en Meiningen».
Serguéi Prokófiev: Concierto para piano núm. 3 con Yuja Wang (fragmento)

No ha perdido nunca de vista su objetivo inicial. Muchos programas sinfónicos en sus propios teatros y visitas constantes a orquestas cada vez más importantes aseguraron que, además del repertorio operístico, también ocupara un lugar importante el concertístico. Más aún: la experiencia con música escénica se convirtió en una parte fundamental de la actividad musical de Kirill Petrenko e influye asimismo en su interpretación de obras desprovistas de texto y de programa y lo convierten en un contador de historias con sonidos:

«Porque el origen de un sentimiento siempre está ligado a una historia. No podemos separarnos del entorno y ocuparnos de los sonidos de una forma puramente musical. Hay simplemente conexiones históricas y sociales que encuentran cabida en la música y que hay que volver a sacar cuando la interpretamos».

Meiningen, Múnich, Berlín: ya por la trayectoria y la actividad de Hans von Bülow (1830-1894) estos tres lugares tienen una estrecha conexión entre sí. El que fuera director de la Orquesta de la Corte de Múnich inspiró con una interpretación de su orquesta de Meiningen como agrupación invitada a los músicos de la orquesta de Benjamin Bilse para que fundaran los Berliner Philharmoniker y más tarde sería nombrado su primer director titular. Con Kirill Petrenko todas estas piezas entrelazadas forman una rez más tupida con el añadido de un nuevo ramal.

Kirill Petrenko habla sobre la temporada 2019/2020
«Lo cierto es que soy un privilegiado, porque sigo a Bülow a mi manera. Él estuvo en un principio en Múnich, luego en Meiningen y más tarde en Berlín; en mi caso la secuencia es un poco diferente, pero gracias a mi trabajo con la orquesta de Meiningen y en la Ópera del Estado de Baviera en Múnich me siento muy ligado a su tradición. He estudiado por todas partes partituras con sus anotaciones: Brahms en Meiningen, Wagner en Múnich y ahora me dedico con la máxima intensidad a sus interpretaciones de obras de Beethoven».

Bülow dedicó su primera temporada en Meiningen exclusivamente a las obras de Beethoven. En la primera temporada de Petrenko como director titular de los Berliner Philharmoniker, Beethoven recibe asimismo una atención especial, con interpretaciones de obras capitales como Fidelio, la Missa solemnis y la Novena Sinfonía. Ya se distinguen otros centros de gravedad de su trabajo en Berlín: las Sinfonías de Gustav Mahler, los clásicos rusos (este año de Chaikovski y Rajmáninov), obras de los siglos XX y XXI o el compositor Josef Suk, unos centros de gravedad que surgen en la elección de repertorio y en la interpretación de la tradición de la orquesta.

«Intento también comprender qué aparición tan especial supuso Wilhelm Furtwängler en el cielo de los directores de orquesta y oigo con entusiasmo sus grabaciones, porque aunque sus planteamientos interpretativos difieren de los míos, Furtwängler fue quien plantó el gen de los Berliner Philharmoniker, que quizá sigue siendo perceptible hasta hoy. Herbert von Karajan estuvo, al igual que yo, muchos años trabajando en provincias y fue allí donde desarrolló sus capacidades; también él llegó procedente del mundo de la ópera, era una persona versada por antonomasia en la práctica, conocía al dedillo y en todo detalle lo que tenía entre manos. En eso es para mí un gran modelo, a pesar de que, exactamente igual que en el caso de Furtwängler, yo tengo otro punto de vista en muchas cosas, como en lo que respecta a los tempi, la articulación y el sonido. Esto resulta absolutamente natural: vivimos en una época diferente, nos sentimos vinculados con las fuentes de una manera distinta y menos con un ideal de belleza sonoro general; eso está bien también, porque sólo así seguimos haciendo evolucionar nuestro punto de vista sobre las obras. Pero para mí esta línea Bülow – Furtwängler – Karajan es una inspiración absolutamente poderosa y decisiva. Basándome en esto, quiero avanzar en lo que Claudio Abbado y, últimamente, Simon Rattle han llevado a cabo: la ampliación del repertorio, seguir afilando el perfil tímbrico y una identidad inconfundible del sonido de la orquesta».

Kirill Petrenko dirigió su primer concierto con los Berliner Philharmoniker en 2006; en el programa figuraron entonces el Segundo Concierto para violín de Bartók y la Segunda Sinfonía de Rajmáninov. Entonces afirmó lo siguiente sobre la extraordinaria calidad de la orquesta:

«Lo que tienen de especial los Berliner Philharmoniker es la capacidad y el coraje de todos y cada uno de los músicos individuales, ya sea un solista de viento o un tutti de la cuerda, de irradiar una libertad tan grande mientras hacen música. Una libertad que no pierde un solo momento de vista la estructura global, un riesgo controlado en el que el gran orden no se tambalea y que permite, sin embargo, que la energía se desencadene en total plenitud y sin cortapisas en el momento de la interpretación».

Después de tan solo tres proyectos conjuntos, los Berliner Philharmoniker llegaron a la convicción de que Kirill Petrenjo debía convertirse en su nuevo director titular. Desde su elección en junio de 2015 ya ha preparado e interpretado cuatro programas de concierto con la orquesta. Ahora ya está allí.

«Ya conozco Berlín como ciudad, he vivido aquí once años y para mí es un poco como un regreso. Sin embargo, jamás había podido imaginar que podría llegar a hacerme cargo de los Berliner Philharmoniker como director artístico: esto era para mí algo absolutamente impensable. Hasta el día de hoy sigue sin resultarme fácil hacerme a la idea. Pero ahora asumo este reto con gran alegría».

Malte Krasting